jueves, 12 de septiembre de 2013

El Voto en Blanco y la Acción Simbólica
(Consideración basada en “Ensayo sobre la Lucidez”[1]

Por: Johnni Alfredo Ochoa Gómez

“El problema de la izquierda
es que no tiene puta idea
del mundo en el que vive”[2]

(José Saramago)

Tal vez el comunismo de Saramago, quien bordea los 90 años de edad, sea la muestra fehaciente de que el discurso de izquierda debe remozarse para hacer viable su visión de mundo, visión que si bien tiene sobrados y legítimos motivos para criticar el sistema político  que el liberalismo ha configurado en la mayor parte de la cultura occidental, debe encontrar un lenguaje y unos instrumentos de lucha acordes con las demandas del mundo actual. En este sentido, el comunismo del nobel portugués hace honor a la tradición socialista, particularmente al marxismo, cuando cuestiona por medio de su literatura formas tradicionales, anquilosadas y anacrónicas de lucha.

En Ensayo sobre la lucidez un cuestionamiento a la izquierda monolítica y cobarde atraviesa la trama de manera particular cuando, a través de  la relevancia que adquiere el voto en blanco como opción en la democracia representativa e intersticio por donde puede fraguarse una ruptura de ésta, la acción simbólica es presentada en toda su capacidad transformadora, más aún, cuando esta parte del pueblo sin ser dependiente de “cuadros”, partidos o ideólogos que pretenden emancipan al vulgo de la falsa conciencia

La acción simbólica del voto en blanco ha de leerse entonces como una crítica a la acción de hecho, mecanismo al que apelan muchos ánimos rebeldes de las más variadas tendencias en busca de un cambio estructural de la sociedad. Votar en blanco en una situación hipotética como la que nos presenta este escritor comunista es capitalizar –con perdón de quienes hacen cruces al oír cualquier palabra con el infijo “capital…” - una opción legal cuando la legalidad es ilegitima. La acción de hecho, es de hecho el “argumento” al que apela el gobierno cuando en procura de desestabilizar la ciudad que ha abandonado -como forma de castigo por haber votado mayoritariamente en blanco-, incinera a 34 personas al colocar una bomba en la estación del metro; actores, hacedores de hecho, o como se diga, es lo primero en lo que piensa dicho gobierno -porque le conviene- al buscar la causa de los blanqueadores y vincula su acción con anarquistas o estados desestabilizadores y terroristas.

¿Qué significa la acción simbólica?[3] Puede interpretarse como la acción mediante la cual se introduce un cambio de sentido en las significaciones que desde los discursos oficiales instituyen la representación de lo real, una acción contra la violencia simbólica en la que los dominados o gobernados naturalizan las formas de poder que los dominantes –gobernantes infringen de manera sutil,  cotidiana o taxativa sobre el pueblo; dicho de otro modo, es una alternativa teorizada por la sociología política en el marco de la tradición marxista que sin más objetiva las relaciones de poder en los códigos que sutilmente se inscriben en la dinámica cotidiana de los dominados, haciendo que estos naturalicen sus significaciones, facilitando  así y sobre sí la violencia simbólica[4] que los dominantes han urdido al compás de intereses de dominación o creencias de legitimidad.

La acción simbólica, entonces es vital para develar los resortes del poder… ¿Cuáles son los resortes de la dominación política que se enmascara en la democracia liberal? Desde la perspectiva que el nobel portugués nos ofrece en su texto, tales resortes son:

·         La antinomia entre la libertad individual que justifica la teoría liberal y la disolución de ésta en razón de la denominada representatividad.

·         La creencia mediante la cual se afirma en el imaginario colectivo que la democracia existe cuando existe el derecho a sufragar.

·         La delegación del individuo de su poder constituyente en los representantes del poder.

·         El derecho de libre asociación supeditado a la práctica corporativista de los partidos políticos.

·         La ficción de los discursos nacionalistas al asociar semánticamente Estado, Gobierno y Nación.

Ahora, los defensores del escolasticismo comunista[5] podrían refutar este tipo de consideraciones, cacareando que la acción simbólica sólo cobra sentido como recurso estilístico de la producción narrativa, y que en cambio la acción de hecho urge cuando en el derecho la protesta se criminaliza o cuando el sistema democrático no pasa de ser –como en este mísero país- un sistema monolítico de favores, imposturas y corrupción que bajo la apariencia de Estado de Derecho encubre intereses de derecha; críticas que válidas en su momento, no pasan ahora de ser doxa… meras opiniones que espíritus “piadosos” pero confundidos esgrimen cuando creen que el problema es derrumbar un orden para imponer otro... reemplazar un color por otro, una bandera por otra, un estado por otro… Saramago al respecto va más lejos cuando a través del ministro del interior (en un diálogo con el primer ministro, cuando buscaba con afán dilucidar las causas que sacudieron el sistema democrático), sentencia:

“Qué pretenden conseguir, las manifestaciones nunca han servido para nada, de otra manera nunca las autorizaríamos”[6]

Saramago trasciende su crítica a la acción de hecho como forma de lucha cuando se atreve, como en la cita anterior, a cuestionar la funcionalidad de las manifestaciones, critica que da sentido a preguntas como ¿Son las manifestaciones expresiones de insatisfacción social para los gobiernos o expresiones folclóricas a las que debe abrirles curso en las calles para que la catarsis colectiva intensifique el letargo? Ahora, es importante dejar en claro que  las manifestaciones en sí no causan ruido y ya…[7]sino que necesitan de un elemento que está desprovisto en la mayoría de ellas, a saber: la transgresión de la semántica, nuevos juegos de lenguaje, semióticas renovadas del poder, acciones individuales o colectivas que a partir de las disposiciones de la misma cultura –como el voto en blanco- transgredan el orden, mediante el juego en una especie de sabotaje cultural…

La acción de hecho entonces, tan cacareada y practicada  a costa de la vida y la integridad de muchos seres humanos, como opción de lucha contra el oprobioso sistema, se vislumbra no como un mal menor, sino como un mal sin trascendencia cuando su finalidad no es disolver los códigos y las significaciones que mantienen la forma, el molde al que se ajusta cualquier poder misantrópico, anquilosado y corrupto. El voto en blanco constituye, en el intríngulis de la mecánica electoral, el intersticio mediante el cual se fractura la máscara de la democracia liberal y se introduce una afrenta al sistema mediante una acción legal (votar), acción que mina poco a poco los resortes del poder legal e ilegítimo.

Saramago, comunista a la altura de los tiempos que surcan nuestro mundo, plantea en su texto el poder y la urgencia de la acción simbólica como primer paso para transformar el mundo, empresa que demanda tiempo y cuyo final feliz se hunde en los arcanos del tiempo[8]. Mientras tanto, mientras sufrimos  esta época trans-moderna, además del análisis politológico, filosófico, sociológico, etc., la literatura –como bien lo hace nuestro Saramago- el cine, la música, las artes en toda su extensión puede aunar esfuerzos en la  trinchera política de quienes sin partido o con partido nos pronunciamos a favor de lo humano, lo cordial, lo razonable como profetas de nuevos códigos y significaciones.




[1] SARAMAGO, José. Ensayo sobre la lucidez. Ed. Santillana, 2006. Madrid
[2] Ver: http://cuaderno.josesaramago.org/2008/10/01/%c2%bfdonde-esta-la-izquierda/
[3] Categoría cuyo marco de reflexión se inscribe en la sociología política de estirpe marxista -¿o neo-marxista?- y cuyo representante más prominente es el francés Pierre Bourdieu.
[4] Saramago, increpa por medio de la ironía a su país (Portugal), cuando en una parte del relato –antes de la alocución que el presidente del gobierno dirige tras haber éste abandonado la ciudad de los blanqueadores- le recuerda lo que en términos bordieanos es la violencia simbólica:“… se trata de un pueblo universalmente famoso por haber ejercido siempre con meritoria disciplina cívica y religiosa devoción sus deberes electorales” (Op cit. P. 114)

[5] Concepto que el socialista y científico social colombiano, Antonio García Nossa, nos ofrece en su obra “Dialéctica de la democracia” (Ediciones Cruz del sur, Bogotá, 1972).
[6] (Op cit. P. 157)
[7] La marcha del silencio que condujo Gaitán, expresión paradigmática de la acción simbólica, al disolver la creencia de los gobernantes de turno quienes asociaban la critica proveniente del pueblo, con falta de organización, ausencia de disciplina, pulsiones sin más… ignorancia.
[8] En su obra “Sobre utilidad y perjuicios de la historia para la vida” (Biblioteca Edaf. Madrid, 2000)  Nietzsche advierte sobre uno de los complejos humanos: Considerarse epílogo de la Historia.

miércoles, 28 de agosto de 2013

El voto en blanco y la acción simbólica.

Consideración basada en “Ensayo sobre la Lucidez”[1]. Por: Alfredo Ochoa Gómez “El problema de la izquierda es que no tiene puta idea del mundo en el que vive”[2] (José Saramago) Tal vez el comunismo de Saramago, quien bordea los 90 años de edad, sea la muestra fehaciente de que el discurso de izquierda debe remozarse para hacer viable su visión de mundo, visión que si bien tiene sobrados y legítimos motivos para criticar el sistema político que el liberalismo ha configurado en la mayor parte de la cultura occidental, debe encontrar un lenguaje y unos instrumentos de lucha acordes con las demandas del mundo actual. En este sentido, el comunismo del nobel portugués hace honor a la tradición socialista, particularmente al marxismo, cuando cuestiona por medio de su literatura formas tradicionales, anquilosadas y anacrónicas de lucha. En Ensayo sobre la lucidez un cuestionamiento a la izquierda monolítica y cobarde atraviesa la trama de manera particular cuando, a través de la relevancia que adquiere el voto en blanco como opción en la democracia representativa e intersticio por donde puede fraguarse una ruptura de ésta, la acción simbólica es presentada en toda su capacidad transformadora, más aún, cuando esta parte del pueblo sin ser dependiente de “cuadros”, partidos o ideólogos que pretenden emancipan al vulgo de la falsa conciencia… La acción simbólica del voto en blanco ha de leerse entonces como una crítica a la acción de hecho, mecanismo al que apelan muchos ánimos rebeldes de las más variadas tendencias en busca de un cambio estructural de la sociedad. Votar en blanco en una situación hipotética como la que nos presenta este escritor comunista es capitalizar –con perdón de quienes hacen cruces al oír cualquier palabra con el infijo “capital…” - una opción legal cuando la legalidad es ilegitima. La acción de hecho, es de hecho el “argumento” al que apela el gobierno cuando en procura de desestabilizar la ciudad que ha abandonado -como forma de castigo por haber votado mayoritariamente en blanco-, incinera a 34 personas al colocar una bomba en la estación del metro; actores, hacedores de hecho, o como se diga, es lo primero en lo que piensa dicho gobierno -porque le conviene- al buscar la causa de los blanqueadores y vincula su acción con anarquistas o estados desestabilizadores y terroristas. ¿Qué significa la acción simbólica?[3] Puede interpretarse como la acción mediante la cual se introduce un cambio de sentido en las significaciones que desde los discursos oficiales instituyen la representación de lo real, una acción contra la violencia simbólica en la que los dominados o gobernados naturalizan las formas de poder que los dominantes –gobernantes infringen de manera sutil, cotidiana o taxativa sobre el pueblo; dicho de otro modo, es una alternativa teorizada por la sociología política en el marco de la tradición marxista que sin más objetiva las relaciones de poder en los códigos que sutilmente se inscriben en la dinámica cotidiana de los dominados, haciendo que estos naturalicen sus significaciones, facilitando así y sobre sí la violencia simbólica[4] que los dominantes han urdido al compás de intereses de dominación o creencias de legitimidad. La acción simbólica, entonces es vital para develar los resortes del poder… ¿Cuáles son los resortes de la dominación política que se enmascara en la democracia liberal? Desde la perspectiva que el nobel portugués nos ofrece en su texto, tales resortes son: · La antinomia entre la libertad individual que justifica la teoría liberal y la disolución de ésta en razón de la denominada representatividad. · La creencia mediante la cual se afirma en el imaginario colectivo que la democracia existe cuando existe el derecho a sufragar. · La delegación del individuo de su poder constituyente en los representantes del poder. · El derecho de libre asociación supeditado a la práctica corporativista de los partidos políticos. · La ficción de los discursos nacionalistas al asociar semánticamente Estado, Gobierno y Nación. Ahora, los defensores del escolasticismo comunista[5] podrían refutar este tipo de consideraciones, cacareando que la acción simbólica sólo cobra sentido como recurso estilístico de la producción narrativa, y que en cambio la acción de hecho urge cuando en el derecho la protesta se criminaliza o cuando el sistema democrático no pasa de ser –como en este mísero país- un sistema monolítico de favores, imposturas y corrupción que bajo la apariencia de Estado de Derecho encubre intereses de derecha; críticas que válidas en su momento, no pasan ahora de ser doxa… meras opiniones que espíritus “piadosos” pero confundidos esgrimen cuando creen que el problema es derrumbar un orden para imponer otro... reemplazar un color por otro, una bandera por otra, un estado por otro… Saramago al respecto va más lejos cuando a través del ministro del interior (en un diálogo con el primer ministro, cuando buscaba con afán dilucidar las causas que sacudieron el sistema democrático), sentencia: “Qué pretenden conseguir, las manifestaciones nunca han servido para nada, de otra manera nunca las autorizaríamos”[6] Saramago trasciende su crítica a la acción de hecho como forma de lucha cuando se atreve, como en la cita anterior, a cuestionar la funcionalidad de las manifestaciones, critica que da sentido a preguntas como ¿Son las manifestaciones expresiones de insatisfacción social para los gobiernos o expresiones folclóricas a las que debe abrirles curso en las calles para que la catarsis colectiva intensifique el letargo? Ahora, es importante dejar en claro que las manifestaciones en sí no causan ruido y ya…[7]sino que necesitan de un elemento que está desprovisto en la mayoría de ellas, a saber: la transgresión de la semántica, nuevos juegos de lenguaje, semióticas renovadas del poder, acciones individuales o colectivas que a partir de las disposiciones de la misma cultura –como el voto en blanco- transgredan el orden, mediante el juego en una especie de sabotaje cultural… La acción de hecho entonces, tan cacareada y practicada a costa de la vida y la integridad de muchos seres humanos, como opción de lucha contra el oprobioso sistema, se vislumbra no como un mal menor, sino como un mal sin trascendencia cuando su finalidad no es disolver los códigos y las significaciones que mantienen la forma, el molde al que se ajusta cualquier poder misantrópico, anquilosado y corrupto. El voto en blanco constituye, en el intríngulis de la mecánica electoral, el intersticio mediante el cual se fractura la máscara de la democracia liberal y se introduce una afrenta al sistema mediante una acción legal (votar), acción que mina poco a poco los resortes del poder legal e ilegítimo. Saramago, comunista a la altura de los tiempos que surcan nuestro mundo, plantea en su texto el poder y la urgencia de la acción simbólica como primer paso para transformar el mundo, empresa que demanda tiempo y cuyo final feliz se hunde en los arcanos del tiempo[8]. Mientras tanto, mientras sufrimos esta época trans-moderna, además del análisis politológico, filosófico, sociológico, etc., la literatura –como bien lo hace nuestro Saramago- el cine, la música, las artes en toda su extensión puede aunar esfuerzos en la trinchera política de quienes sin partido o con partido nos pronunciamos a favor de lo humano, lo cordial, lo razonable como profetas de nuevos códigos y significaciones. Notas: [1] SARAMAGO, José. Ensayo sobre la lucidez. Ed. Santillana, 2006. Madrid [2] Ver: http://cuaderno.josesaramago.org/2008/10/01/%c2%bfdonde-esta-la-izquierda/ [3] Categoría cuyo marco de reflexión se inscribe en la sociología política de estirpe marxista -¿o neo-marxista?- y cuyo representante más prominente es el francés Pierre Bourdieu. [4] Saramago, increpa por medio de la ironía a su país (Portugal), cuando en una parte del relato –antes de la alocución que el presidente del gobierno dirige tras haber éste abandonado la ciudad de los blanqueadores- le recuerda lo que en términos bordieanos es la violencia simbólica:“… se trata de un pueblo universalmente famoso por haber ejercido siempre con meritoria disciplina cívica y religiosa devoción sus deberes electorales” (Op cit. P. 114) [5] Concepto que el socialista y científico social colombiano, Antonio García Nossa, nos ofrece en su obra “Dialéctica de la democracia” (Ediciones Cruz del sur, Bogotá, 1972). [6] (Op cit. P. 157) [7] La marcha del silencio que condujo Gaitán, expresión paradigmática de la acción simbólica, al disolver la creencia de los gobernantes de turno quienes asociaban la critica proveniente del pueblo, con falta de organización, ausencia de disciplina, pulsiones sin más… ignorancia. [8] En su obra “Sobre utilidad y perjuicios de la historia para la vida” (Biblioteca Edaf. Madrid, 2000) Nietzsche advierte sobre uno de los complejos humanos: Considerarse epílogo de la Historia.

martes, 17 de febrero de 2009

Historia de un congreso filosófico tenido en el Parnaso por lo tocante al impero de Aristóteles – 1791.

(Reseña)

AUTOR: José Domingo Duquesne de la Madrid (Traducción del Latín: Rafael Pinzón – Transcripción: Alberto Rincón
EDITORIAL: Universidad Santo Tomás
CIUDAD: Bogotá.
AÑO: 1989 - 1990


DESCRIPCIÓN: Duquesne, jesuita santafereño, emula el estilo de Esopo para exponer una de las primeras críticas que hacia finales de la colonia recibió el escolasticismo, en este documento logra trasparentar la discusión que en la postrimería del siglo XVIII se adelantó en las Universidades neogranadinas en cuanto al método de estudios más conveniente, por un lado el aristotélico y por otro el de la “nueva filosofía” signada por el racionalismo de estirpe cartesiana.

RESEÑA: Tras discutir cual debía ser el lugar –Estagira o Estocolmo- para adelantar el congreso que pusiera fin a la guerra filosófica entre la filosofía aristotélica y la “nueva filosofía” racionalista encabezada por el cartesianismo, se deciden los contendientes por el Parnaso -patria de musas y reino de Apolo- para alcanzar la paz. Posteriormente cada una de las escuelas presenta sus respectivos delegados, entre quienes sobresalen el Marqués de Blictiris “Paparrucho”, plenipotenciario de la escuela peripatética y Mr des Tourbillons, plenipotenciario de la escuela cartesiana. Dos lugares dan cobijo a los congresistas, El Liceo (lugar de habitación) y la Sala Délfica (lugar de discusión).

Plenipotenciarios de otras escuelas asisten al Congreso, pero en el curso de éste la mayoría oficia como espectador, entre quienes cobran protagonismo se encuentran Aristipo (señor de la República de los Escépticos), los señores del Consejo Aristotélico y el Conde de Celantes. Estos junto a Paparrucho y Mr des Tourbillons discurren entorno a la autoridad de las respectivas escuelas filosóficas en cuanto al método educativo más conveniente para formar a las generaciones venideras, evidenciando las convergencias y disensos de carácter metafísico (filosofía primera), físico, lógico y matemático –incluso político-.

Los trazos generales de esta “guerra filosófica” son: 1. Exhortación de Aristipo a los plenipotenciarios para que discurran libremente sin atar sus juicios a la autoridad que representan; 2. Discurso de Paparrucho -previa autorización del Consejo peripatético-, intentando persuadir con ánimo conciliador a los congresistas sobre la autoridad de Aristóteles; 3. Discurso de Mr des Tourbillons, refutando los argumentos eximidos por su predecesor en la palabra; 4. Reacción neurótica de Paparrucho, encarcelamiento y sanción pública de parte del fiscal del consejo; 5. Misiva de Paparrucho a Aristóteles solicitándole lo exima de las obligaciones del congreso; Misiva de Aristóteles a Paparrucho confirmando su traslado a la ciudad de Solón y el envío del Conde de Celantes en reemplazo suyo –este último va a darle un giro conciliatorio al congreso-.

En síntesis, el congreso resalta la critica de la “nueva filosofía” al método silogístico de los peripatéticos, buscando la conciliación entre una metafísica aristotélica que sólo reconoce los adelantos de la lógica, la física y la matemática pero niega compartir el trono de su filosofía primera; en cuanto al mejor método educativo las posturas oscilan entre la obra de Antonio Gaudin, defendida por Paparrucho, y la de Fortunato de Brescia, escudada por Mr des Tourbillons – finalmente se impone ésta cuando llega el Conde de Celantes.


“…una pieza verdaderamente ingeniosa, adornada de escogida erudición y de pensamientos bellísimos en la que bajo de una inventiva jocosa se combate con generalidad los abusos y ridículos de la mala filosofía…” (Palabras de Manuel del Socorro Rodríguez, cuando el texto se publicó en 1792 en el Papel Periódico de Santa Fé). Estas palabras describen la sensación que se tiene al leer una obra que por su estilo asalta el ánimo del lector al inicio, seduciéndolo al compás de la lectura
De otro lado, es evidente una vez más lo que algunas historiografías han soslayado: la impronta religiosa en el proceso de modernización latinoamericana (si por modernización se entiende la crisis del orden colonial y la configuración de los pilares de la república que de manera irónica y mordaz, y por medio de una alegoría bellísima, logra Duquesne trasparentar).

domingo, 15 de febrero de 2009

La Chicha y Nuestro Inconciente Espiritual


(Apuntes para un ensayo)


“Un recuerdo de infancia y una intuición adolescente: … mientras agonizaba sus hijos -mis tíos- se embriagaban y lloraban, tras fallecer el rito prosiguió en la cantina y la cebada fermentada inundo sus espíritus…, frente a este hecho mi insipiente formación cristiana lo reprobó; posteriormente la misma formación, ahora filocristiana, lo interpreto de forma diferente …”

La cosmovisión amerindia, signada por el pensamiento mítico, estableció un horizonte de sentido marcado por la conciencia holística y de religación entre humanos y humanidad - naturaleza. Negada y encubierta[1] esta cosmovisión por otra, la europea, ha seguido latente en el inconciente espiritual[2] de nuestro pueblo mestizo, y como tal surge con ímpetu en las dinámicas catárticas de nuestra cultura. Una dinámica de este tenor es el consumo de licor y con él la aparición de la sensibilidad y la percepción mítica, puesto que ésta sirve como vehículo de la sabiduría de Nemcatacoa (diosa de la chicha para los muiscas) o dioniso (dios del vino para los griegos) y “bajo su influjo no sólo se cierra de nuevo la alianza entre los hombres, también la naturaleza, hostil o subyugada celebra nuevamente su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre” [3]. En este sentido, es posible comprender esto si observamos el significado de la chicha en la religiosidad del pueblo Muisca y lo comparamos con el significado de la cerveza, por ejemplo, para el pueblo mestizo y cundiboyacense.

Todo pueblo persigue conciente o inconcientemente el Ser, el Sentido y la Verdad en su relación consigo mismo, con la sociedad y con la naturaleza; esta aspiración constituye algo arquetípico en cualquier grupo humano, sea su marco cognitivo – si cabe llamar así a un pensamiento que como el amerindio desborda los limites de los sistemas anquilosados- mítico o racional. Ser, Sentido y Verdad, condición y finalidad de cualquier proyecto cultural, es la realidad última que debe ser mediada por el rito pues su carácter es religioso[4]. Este trinomio, signado en los muiscas por el pensamiento mítico, estuvo mediado por una red simbólica mediante la cual representaron su cultura y experimentaron la religación con la naturaleza, en esta red se inscribió el consumo de la chicha como símbolo prominente, mas… el devenir oprobioso de la Historia suspendió en el olvido el pensamiento mítico Muisca en la conciencia del pueblo mestizo cundiboyacense, enterrando el carácter simbólico de la chicha y el rito que suponía embriagarse para situarse en ese trinomio que religaba la existencia y el cosmos, mas… Ser, Sentido y Verdad siguen, como arquetipos que son, vigentes en el psiquismo del mestizo que prosigue –ahora inconscientemente- el rito de la embriaguez, cambiando el zumo del maíz por el de la cebada.

¿Cómo vivían los Muiscas el rito de fiesta entorno a la chicha, la religación? “La chicha no siempre fue dañina y vitanda como en tiempos modernos. En efecto, en la época prehispánica, este brebaje (…) era una noble bebida ceremonial con cuyas abundantes libaciones los muiscas sí se embriagaban, pero sólo en ocasiones tan especiales como bodas, sepelios, carreras y celebraciones de victorias, y jamás de manera rutinaria y habitual como luego lo harían sus descendientes…”[5]De otro lado, es interesante observar como en las fiestas de Nemcatacoa (Única deidad que no se representaba de forma etérea ni antropomórfica, sino en forma de zorro) esta bebida representaba el eterno femenino… la chicha como mujer que garantizaba la relación espiritual entablada con la madre tierra -con el maíz- , feminidad porque era a ella a quien le correspondía masticar el grano e iniciar el proceso de fermentación… cuna de la humanidad y guardiana de la memoria ¡la embriaguez suscitaba la oralidad!.
En nuestro inconciente espiritual y colectivo, Nemcatacoa permanece latente en el impulso festivo que embriaga las reuniones sociales de los descendientes de los Muiscas, basta observar como tras la liturgia “sagrada” el rito “mundano” de la embriaguez aparece formando una continuidad dinámica en nuestra religiosidad popular. La dicha de la chicha, suplantada por el entusiasmo de la cebada fermentada (la chicha por la Pola –no es gratuito este nombre, si se recuerda que fue en honor de la heroína criolla que se empezó a llamar así este licor, aunque eso también halla quedado inconciente…) a causa de intereses económicos tras el encubrimiento y colonización…


En conclusión, el encubrimiento del mundo precolombino a manos del europeo, no representa en el devenir de nuestra historia una discontinuidad absoluta, pues el espíritu festivo, entre otras expresiones que religan al ser humano son su semejante y la naturaleza, la existencia y el cosmos, fue mantenido -aunque de forma distinta- por la cultura mestiza; esto queda simbolizado en la suplantación que sufrió el maíz por la cebada…ambos cereales tras ser fermentados sirven para embriagar el ánimo, disponerlo para la fiesta y darle libre curso al espíritu sediento de cielo, o mejor, de Ser, Sentido y Verdad.


[1]El termino Encubrimiento cuestiona de manera irónica el denominado Descubrimiento de América, al afirmar, con razón, que en estas tierras ya existía un mundo rico, complejo y variado que el explorador – conquistador negó, oculto para inventar –léase imponer- su cosmovisión. (A propósito: “1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la Modernidad”. Enrique Dussel. Conferencias de Frankfurt, Octubre 1991, y “Don Quijote, un demócrata de izquierda” Germán Arciniegas)

[2] “Existe no solamente un inconciente del instinto, sino también un inconciente del espíritu”. La presencia ignorada de Dios. Víctor Frankl. Ed. Herder, Barcelona, 1994. (evidentemente este terapeuta se inscribe en la tradición jungiana del psicoanálisis)

[3] El Nacimiento de la Tragedia. Friedrich Nietzsche. Biblioteca Edaf (pág. 64)

[4] Categorías que el historiador de las religiones Mircea Eliade propone para comprender el hecho religioso como algo que hace parte estructural de la conciencia y la cultura.
[5] Bebidas y alucinógenos de los Muiscas. Luis Trejos . En: bitacorasdebogota.blogspot.com/2007/03/bebidas-y-alucingenos-de-los-muiscas.html